jueves, 20 de noviembre de 2014

Hora de estrenarse

   Como ya iba siendo hora, é aquí la primera entrada de este mi blog. El tema a tratar es un razonamiento que en clase se me ocurrió en contra de lo que el libro de estudio explica. Viene a decir el libro que, sin excepción, a cuanto más cercano sea temporalmente nuestro antepasado más parecido genético tendremos con él en comparación con antepasados más cercanos. Bien, cierto es que a cuanto más lejano más tiempo habrá tenido para cambiar y por tanto, es correcto decir que tiene posibilidad de ser más diferente por tanto, pero de ahí a afirmar que es diferente debemos pararnos a pensar antes un par de cosas. Hablo desde un punto de vista inexperto en la materia, no lo negaré, pero con lo que se diré que no todos los cambios genéticos son iguales, ni se producen a la misma velocidad, con lo que si bien comparásemos un antiquísimo antepasado A y un no tan antiguo antepasado B pensaríamos inmediatamente que el que menos se parezca geneticamente a nosotros será el A, sin pensar primero en que a pesar de la diferencia temporal también hay probablemente una diferencia de velocidad a la que cada uno ha ido cambiando y con ello haciéndose más diferente de nosotros y si bien, en la mayoría de los casos estas velocidades suelen ser iguales, no deja de existir la probabilidad y con ello, los casos extremos, siendo posible que tal vez sea el antepasado B el que realmente se diferencia más de nosotros y no el A. Y ya que hablamos de casos extremos, vayamos al más extremo de todos, el acercamiento genético. Los códigos genéticos de las diferentes criaturas van cambiando y las posibilidades son sencillamente inmensas, con lo que aunque realmente difícil, no sería imposible el caso de que alguna especie A separada desde el principio de los tiempos de una especie B haya ido cambiando su código genético de forma que por casualidad o como lo queramos llamar  este haya de nuevo cogido similitud suficiente con la especie B como para que ha día de hoy, tras analizarlas a ambas, creamos que se separaron hace no demasiado tiempo. Es cierto que si ya el caso anterior es seguramente poco probable, este último es practicamente imposible, pero por muy bajas que sean las posibilidades, estas siguen ahí, y en una existencia practicamente infinita, estas probabilidades se elevan a niveles en los que sería una locura negar que hayan resultado reales ya millones de veces y esto es algo muy a tener en cuenta, pues todas las leyes que creemos conocer y que vemos que funcionan el 100% de las veces, podrían no ser más que casualidades, ya que hemos de recordar que el 100% de nuestros actos se salvan por muy poco de ser el 0% de los sucesos totales en toda la existencia. Vemos como locura un mundo en el que cuando alguien sueña algo esto se cumple al día siguiente, sin darnos cuenta de que tal vez esta creencia sea tan acertada como nuestras llamadas leyes científicas, de las que poco podemos hacer a parte de confiar en que sigan funcionando.No hemos visto nada, no creamos saberlo todo.

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